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El
turismo en el Mediterráneo
La cuenca
mediterránea posee una excepcional riqueza de valores
naturales y culturales que explican su potencialidad
turística. No en vano es el principal foco de atracción
turística del mundo. En 1996, este espacio acogió
175.726.000 turistas internacionales, que suponen un 30%
del conjunto de turistas a escala mundial. Las
repercusiones de este flujo turístico en la economía
del Mediterráneo son evidentes: unos cinco millones de
empleos y más de 100.000 millones de dólares anuales en
ingresos, lo que representa -en la franja litoral- en
torno al 7% del Producto Interior Bruto.
Con todo, el turismo es también un agente que causa gran
impacto ambiental en el litoral. La polución de las
aguas, los procesos de erosión del suelo, las agresiones
a la flora y la fauna subacuáticas y, especialmente, la
agresión paisajística son algunos de los síntomas más
notorios de un modelo turístico basado en el crecimiento
extensivo y en el consumo indiscriminado de suelo, muy
por encima de la capacidad de carga del territorio. Este
modelo turístico está basado en la concentración tanto
espacial como temporal. Espacial, porque las
infraestructuras turísticas están situadas en la franja
litoral, en una fina película que ignora el traspaís
inmediato; de hecho, el 75% de la actividad turística se
genera en los cuatro países miembros de la Unión Europa
y sólo el 25% en el resto de la cuenca. Y temporal,
porque la afluencia turística presenta una acusada
estacionalidad en el período estival, hecho que
incrementa el impacto sobre el medio y debilita el modelo
económico del turismo mediterráneo.
Es evidente que la mayor parte de espacios turísticos
del Mediterráneo parecen haber entrado en una crisis
estructural. De hecho, año tras año la cuenca
mediterránea pierde capacidad de atracción; aunque es
el principal foco turístico del mundo, en los últimos
cinco años ha perdido más de tres puntos de la cuota
mundial. La consolidación de nuevas ´reas turísticas
parece más bien la consecuencia y no la causa de la
devaluación del Mediterráneo como destino turístico
mundial; y es evidente que la degradación del medio
ambiente -los impactos sobre un medio frágil y
vulnerable- es el principal factor de pérdida de
competitividad de los espacios turísticos de la cuenca
del Mediterráneo. Los procesos que operan en el conjunto
del Mediterráneo son muy diversos, pero los podríamos
sistematizar en dos grandes conjuntos espaciales.
NUEVOS
ESPACIOS EMERGENTES:
> Espacios naturales y espacios
protegidos, muy vulnerables por la presión derivada de
la actividad turística del conjunto de la cuenca
mediterránea.
> Núcleos turísticos con una oferta
integrada a la trama urbana preexistente, que no presenta
alteraciones importantes en el patrimonio natural y
cultural.
> Núcleos turísticos en proceso de
reestructuración que ofrecen nuevos productos integrados
al medio ambiente - natural, social y cultural-.
ESPACIOS
CONVENCIONALES
> Núcleos turísticos maduros en
expansión, basándose en el consumo de territorio, como
soporte de una economía alcista y a la
artificialización del medio.
> Núcleos maduros, con una larga
tradición en turismo y con altos niveles de saturación
ambiental.
Desde que en 1975
se aprobase el Primer Plan de Acción par el
Mediterráneo, se han multiplicado las iniciativas para
frenar el crecimiento turístico especulativo y proponer
fórmulas alternativas, que permitan compatibilizar la
práctica turística, el crecimiento económico y la
preservación de los recursos naturales y culturales. En
este sentido, cabe destacar el V Programa de Medio
Ambiente de la Unión Europea, la Agenda MED 21 y el
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PAM-PNUMA).
El Segundo Plan de Acción del Mediterráneo propone las
siguientes vías en el desarrollo turístico:
A) Evaluar, supervisar y
valorar las actividades turísticas y su impacto en el
medio ambiente, por medio, entre otras cosas, de
indicadores adecuados y pertinentes.
B) Impulsar la cooperación regional e
internacional para promover un turismo ambientalmente
adecuado que sea compatible con el desarrollo sostenible.
C) Vigilar los recursos naturales,
culturales y humanos y emprender evaluaciones regulares
del impacto ambiental y de la capacidad de soporte.
D) Llevar a cabo programas de
información y capacitación para los agentes
interesados, destinados, entre otras finalidades, a
aumentar la concienciación de los turistas para que
escojan practicar un turismo respetuoso con el medio
mediterráneo.
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