DOSSIERS MED Forum 3

 

DECLARACIÓN DE LAS ONGs DE MED FORUM SOBRE LOS ESPACIOS PROTEGIDOS, LA CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE EN EL MEDITERRÁNEO.

 

 

DECLARACIÓN DE MÁLAGA SOBRE BIODIVERSIDAD Y DESARROLLO SOSTENIBLE EN EL MEDITERRÁNEO

 

 

Málaga (España), 18-22 de noviembre de 1999

 

 

Durante las sesiones de la Conferencia Mediterránea: Espacios protegidos, conservación de la biodiversidad y desarrollo sostenible en el Mediterráneo. Líneas estratégicas y buenas prácticas, a la que han asistido 125 representantes de diferentes ONG, instituciones, académicos y expertos de la región mediterránea, se han debatido propuestas concretas sobre estrategias de protección de biodiversidad. Se han presentado proyectos y experiencias sobre buenas prácticas en espacios protegidos de la cuenca mediterránea que hacen compatible la conservación de la biodiversidad con el desarrollo sostenible. A propuesta de los asistentes a la Conferencia Mediterránea y reunido el Consejo Mediterráneo de MED Forum, Red de ONGs del Mediterráneo para la Ecología y el Desarrollo Sostenible, éste ha aprobado la siguiente:

 

 

DECLARACIÓN

 

Afirmamos que el Mediterráneo dispone de unas condiciones medioambientales que permiten la existencia de una rica diversidad biológica, tanto marina como terrestre, que se encuentra amenazada por la fuerte entropía que padece toda la cuenca mediterránea. Las fuertes presiones que recibe la estrecha franja litoral, que se extiende a lo largo de los más de 46.000 kilómetros de costa, ponen en peligro los frágiles ecosistemas existentes.

Constatamos el crecimiento demográfico permanente en todo el litoral mediterráneo. En una zona de no más del 17´5% del territorio se concentra cerca del 40% de los más de 410 millones de habitantes de los 22 países ribereños. A estos hay que añadir los casi 200 millones de turistas que cada año nos visitan, con el consiguiente consumo de territorio, recursos naturales y contaminación que provoca tal concentración humana. Además hay que tener en cuenta la ocupación del territorio provocado por las infraestructuras, la industria, los servicios y los puertos.

Denunciamos, tal como expusimos en la Declaración de Barcelona de las ONGs del Mediterráneo por un desarrollo sostenible "la degradación continuada del entorno natural y las agresiones permanentes al patrimonio cultural. La especulación del suelo, especialmente de la primera línea de mar, es el principal depredador de los espacios de mayor valor ecológico. Las construcciones que degradan el paisaje, las concentraciones urbanas ubicadas sobre espacios que disponían de una belleza inigualable, las zonas húmedas transformadas en marinas, las zonas dunares arrasadas y edificadas, o los palmerales costeros sustituidos por bosques de apartamentos, son el exponente del triunfo del beneficio a corto plazo, que favorece sólo a unos pocos, sobre el patrimonio natural y cultural que se le ha robado a la comunidad actual y a las generaciones futuras".

Queremos dejar constancia, que a pesar de la depredación de recursos naturales y la desaparición de ecosistemas de gran valor, aún existen grandes zonas que merecen un mayor grado de protección para conseguir su conservación y su compatibilidad con un desarrollo sostenible. Existen más de 10.000 especies marinas; hay más de 25.000 especies vegetales (fanerógamas), de las que el 50% son endémicas; hay 5.000 millones de aves migratorias pertenecientes a 150 especies de las 500 conocidas en la región; el bosque cubre tan sólo el 9,4% del territorio; existen un millón de hectáreas de zonas húmedas que constituyen las mejores zonas de descanso de las migraciones de aves. De los 46.000 kilómetros de costa unos 25.000 km. están ocupados por diferentes formas de equipamientos urbanísticos que afectan gravemente a los ecosistemas; un millar aproximadamente de especies de plantas están en peligro de extinción y 26 especies han desaparecido; el 75% de las dunas de la ribera norte han desaparecido. Especialmente preocupantes son las amenazas sobre los sistemas lagunares del delta del Ebro, del Ródano, del Po y del Nilo, o del litoral del mar Egeo y de las costas de Túnez y de Argelia, entre las que hay que contar la desaparición en los últimos 50 años de un millón de hectáreas de zonas húmedas. De 145 razas bovinas, 115 se consideran en vías de extinción y de 49 razas de cabras, 33 están también amenazadas. La deforestación, la impermeabilización provocada por la urbanización desordenada y desmesurada y los incendios provoca la desaparición de la capa vegetal necesaria para dar soporte a la biodiversidad.

 

Afirmamos que la diversidad biológica, los espacios protegidos y el desarrollo sostenible están estrechamente vinculados y no se debe ignorar sus mutuas interdependencias y condicionantes. Es necesario avanzar en la protección de los espacios de mayor interés ecológico, dado que en estos momentos poco más del 1% de la zona litoral mediterránea goza de alguna protección. Son necesarias figuras de protección que conlleven una ordenación de los recursos naturales, una gestión responsable, mayores recursos técnicos y económicos y realizar un desarrollo sostenible, tanto de los espacios protegidos como de su entorno.

Esto supone la revalorización de las funciones que desempeñan las áreas protegidas, tanto para la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica como para las políticas de desarrollo sostenible de la cuenca mediterránea.

Pensamos que el concepto de desarrollo sostenible implica cinco dimensiones de sostenibilidad: la económica, la social, la ecológica, la cultural y la política. La insostenibilidad de una dimensión, tarde o temprano, conlleva la insostenibilidad de las otras.

 

 

Ante todo ello, PROPONEMOS:

 

  1. Promover la gestión integrada y sostenible de todo el litoral mediterráneo, estableciendo, entre otras cosas, la limitación de la urbanización de las zonas costeras y declarando un mínimo del 20% de litoral marítimo terrestre con figuras de protección estricta, en particular aquellas zonas consideradas críticas.
  2. Instar a la creación de un Fondo para la Protección del Litoral mediterráneo destinado a la adquisición de zonas de gran valor ecológico, cultural y paisagístico, con fines de conservación, protección, educación, información y uso social sostenible compatible con la integridad de los ecosistemas. Este Fondo adoptará formas organizativas adaptadas a la realidad de cada país, pero deberá ser gestionado por la sociedad civil y contar con el apoyo institucional y privado.
  3. Poner en marcha medidas para la protección y conservación de ecosistemas, hábitats y especies amenazados, tanto en los espacios protegidos como en los adyacentes, derivados del desarrollo urbano y de infraestructuras, de practicas agrícolas, del uso indiscriminado y excesivo de áreas comunales para fines de explotación ganadera, de actividades turísticas y de la contaminación. Es preciso poner en práctica medidas de conservación respecto a las especies domésticas y domesticadas, respecto a los cultivos y a las razas autóctonas, amenazadas o en vías de extinción en los agro-ecosistemas mediterráneos.
  4. Evitar que los espacios naturales sean islas en un océano de espacios perturbados, artificializados o degradados. Establecer normas que impidan la fragmentación y aislamiento de los espacios, como son las vallas de cotos de caza, sistemas viales y otras obras de infraestructuras y parcelamiento. Crear redes de espacios naturales tanto a escala nacional, como regional e internacional. Las redes crean oportunidades específicas de cooperación, intercambio de información y experiencias, tienden a reducir costes, permiten armonizar criterios y dan a los espacios locales dimensiones regionales e internacionales. Recurrir a los corredores ecológicos o de conservación que vinculen las áreas protegidas entre ellas y por lo tanto aumentan el tamaño de la población reproductora al vincularla con otras. Planear espacios interfase o zonas de amortiguación entre los espacios protegidos y las áreas con otros criterios de gestión integrados al tejido social, económico, productivo. Revalorizar estas zonas de transición e incorporarlas en el esquema de protección de las áreas protegidas, prestándoles la atención necesaria ya que el descuido de estas áreas puede reducir considerablemente la eficacia de las áreas protegidas.
  5. Implementar políticas de desarrollo sostenible que reconcilien la dimensión social, económica, política, cultural y ecológica. Considerar el entorno de los espacios protegidos, no sólo en su dimensión física sino también como un entorno social, económico y cultural. Integrar las poblaciones de los asentamientos humanos incluidos en el perímetro de los espacios protegidos así como aquellos directamente vinculados a ellos en la gestión, conservación y uso sostenible del espacio protegido.
  6. Fortalecer los mecanismos de participación de la sociedad civil para que desempeñe un papel activo y responsable en las actividades de protección, conservación y uso sostenible de los espacios protegidos y la diversidad biológica. Es de especial importancia que las ONGs del Mediterráneo asuman responsabilidades en las labores de educación, formación y gestión concernientes a la protección de los espacios naturales y la conservación biológica. En este contexto las ONGs deben mostrar una capacidad innovadora en la búsqueda de soluciones y en su implementación práctica.
  7. Adoptar las medidas que impidan la reducción de las zonas húmedas habida cuenta de la importancia de sus funciones reguladoras, de protección, productivas, de información y de apoyo a actividades económicas, así como por su riqueza biológica y en particular su papel como hábitat y espacio de cría de las especies migratorias. Establecer incentivos para la conservación y recuperación de humedales.
  8. Realizar una planificación y gestión integrada y sostenible del sistema insular Mediterráneo para preservar sus ricos y frágiles valores naturales y culturales. Dicha planificación y gestión debe realizarse de forma participativa asociando a las poblaciones locales y a las ONGs. Debe regularse la presión humana para evitar que una excesiva presencia amenace el patrimonio natural y cultural insular que constituye la base de un proceso de desarrollo sostenible de las mismas.
  9. Reconocer el valor de las tierras agrícolas para la conservación de la diversidad biológica e integrarlas explícitamente en las estrategias de conservación y uso sostenible de la diversidad biológica. Los objetivos concernientes a la diversidad biológica para las áreas agrícolas deben ser claramente enunciados y reforzados mediante adecuada investigación a fin de incorporarlas en los programas existentes orientados a la sostenibilidad de la producción agrícola. En estas prácticas habrá que considerar entre otras cosas el papel de los microorganismos y en general la microfauna de los suelos, desarrollando técnicas e instrumentos para la integración rutinaria de los valores de la diversidad biológica en la gestión y los usos del suelo, la gestión de los setos, cercos, espacios de arbustos, bancales y terrazas y riberas.
  10. Establecer regulaciones para la preservación de los hábitats y las comunidades marinas. Regular zonas de actividades restringidas en términos de tamaño, cuotas o formas y artes de pesca. Identificar las especies clave del Mediterráneo y llevar a cabo estudios de su situación actual desde el punto de vista de la conservación y uso sostenible. Determinar la capacidad de respuesta de las comunidades acuáticas a la explotación pesquera. Determinar los niveles óptimos de captura compatible con la preservación del máximo de biodiversidad, garantizando que las especies más vulnerables no sean sobre-explotadas y se reduzca la pesca incidental o fauna de acompañamiento. Determinar qué gestiones y prácticas pesqueras son las potencialmente menos dañinas para la diversidad mediterránea y cuáles son las que causan los mayores daños tanto al medio ambiente marino como a la fauna vertebrada e invertebrada del Mediterráneo y son causa de pérdida de diversidad biológica. Buscar alternativas viables a las artes de pesca altamente destructoras como las redes de deriva y de arrastre de fondo. Reducir la presión de las actividades no-pesqueras sobre la diversidad biológica marina, en particular las cargas contaminantes, las modificaciones antrópicas del hábitat marino y los efectos de la introducción de especies exóticas o foráneas.
  11. Regular las actividades de caza y de recolección de especies y variedades silvestres y adoptar las medidas adecuadas tanto para asegurar su propia preservación como garantizar el mantenimiento de las funciones que desempeñan en la protección de los espacios naturales y la conservación de la diversidad biológica general.
  12. Regular y controlar la introducción deliberada y accidental de especies foráneas y genéticamente modificadas por sus efectos sobre la diversidad biológica y sobre la actividad agronómica. Esta introducción implica una amenaza directa e indirecta para las especies nativas y cultivadas; directa por depredación y competencia e indirecta por las alteraciones que provoca en los hábitats naturales. Esta regulación y control es particularmente importante en el caso de las islas.
  13. Proteger con medidas concretas el rico y diverso patrimonio cultural y monumental mediterráneo y sus entornos naturales como un valor fundamental de diversidad e integrarlo en un proceso de desarrollo sostenible de los espacios protegidos y de conservación de la biodiversidad.
  14. Promover el establecimiento de normas, en el ámbito mediterráneo y en cada país, que exijan necesariamente la evaluación del impacto de todo desarrollo urbanístico, de las infraestructuras, del turismo y, en general, de las actividades económicas, sobre los hábitats, los ecosistemas, los espacios naturales protegidos y la diversidad biológica y cultural. La norma deberá incluir además mecanismos de vigilancia y sugerir normas de gestión ambiental adecuadas en las actividades mencionadas.
  15. Pedimos a los países mediterráneos que asuman las obligaciones derivadas de la ratificación del Convenio sobre diversidad biológica e implementen las medidas requeridas, en particular aquellas contenidas en el artículo 8 referidas a la conservación in situ y a las áreas protegidas, los artículos 6 y 7 concernientes a la elaboración de estrategias, planes, programas y seguimiento sobre la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica. Así como el artículo 19 concerniente a la biotecnología y a la distribución de sus beneficios.
  16. La articulación del Convenio sobre la Diversidad Biológica, tanto a nivel internacional como a nivel nacional, con otros acuerdos internacionales relevantes para la región mediterránea como son el Convenio de la Lucha contra la Desertización y la Ley del Mar, así como acuerdos regionales de conservación como es el Protocolo ZEP, desarrollado en el marco del Convenio de Barcelona, debería avanzarse a través de la coordinación a realizar por el Plan de Acción del Mediterráneo (PAM-PNUMA), así como llegar a acuerdos en sectores como la agricultura, silvicultura, pesca, turismo y comercio, para lograr coherencia y máxima eficacia en su aplicación.

 

 

Durante la Conferencia Mediterránea: Espacios Protegidos, conservación de la Biodiversidad y Desarrollo Sostenible en el Mediterráneo. Líneas estratégicas y buenas prácticas, se han presentado los siguientes proyectos y experiencias:

 

 

 

 

MED Forum ha aprobado esta Declaración, que fue ampliamente debatida durante la Conferencia Mediterránea y posteriormente en el Consejo Mediterráneo, y se compromete a llevar a cabo las siguientes tareas:

 

 

Málaga (España), 22 de noviembre de 1999

  

 

La Conferencia mediterránea:
Espacios protegidos, conservación de la biodiversidad y desarrollo sostenible en el Mediterráneo. Líneas estratégicas y buenas prácticas, se ha celebrado en el Seminario Diocesano de Málaga durante los días 18, 19 y 20 de noviembre de 1999. El encuentro ha sido organizado por MED Forum, Red de ONGs del Mediterráneo para la Ecología y el Desarrollo sostenible, en colaboración con la ONG EcoMediterrània, con Europarc-España y con la Federación de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía (FENPA) y ha contado con el patrocinio de la Comisión europea (DG XI), de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Medio Ambiente.