DOCUMENTO 1

 por

Javier Cisneros

Coordinador de Proyectos de Cooperación

MED Forum

 

 

 


«COOPERACIÓN MEDITERRÁNEA»

 

Presentación

 

Introducción a la cooperación en el Mediterráneo

 

1. El «desarrollo sostenible»: el punto de encuentro de la cooperación al desarrollo y el medio ambiente
2. El papel de las ONGs en el contexto internacional
3. Características específicas de la cooperación al desarrollo en el Mediterráneo
            A. Proximidad de los actores: el contexto geográfico

1. El Mediterráneo como una unidad: la eco-región (ecología)
2. El Mediterráneo como frontera norte-sur sur: la desigualdad (economía)
3. Migración y crecimiento demográfico (demografía)

    B. Uno de los actores (el del norte) es la Unión Europea: el contexto político

4. El Partenariado Euromediterráneo
5. Zona de Libre Comercio en el Mediterráneo (MFTZ)

C. Un mar agitado

6. La diversidad cultural
7. Conflictos armados

4. El programa de las ONGs para la «Cooperación Mediterránea»

Bibliografía citada

 


Presentación del programa «Cooperación Mediterránea» de MED Forum

1. Introducción
2. Servicio de información: MED Info
3. Banco de Proyectos

A. Diferentes niveles del servicio y de participación
B. ¿Cómo elaborar los proyectos?
C. Lista de comprobación
D. Ejemplos en acción

4. Construir el concepto «Cooperación Mediterránea»

Bibliografía

 


 

INTRODUCCIÓN A
LA COOPERACIÓN EN EL MEDITERRÁNEO

 

1. El «desarrollo sostenible»: el punto de encuentro de la cooperación al desarrollo y el medio ambiente

 

La primera pregunta que nos podemos plantear es ¿por qué en un Forum Ambiental del Mediterráneo hablamos de cooperación? ¿Por qué las ONGs procedentes del mundo de la ecología nos encontramos hoy discutiendo sobre la cooperación? La respuesta es muy sencilla: el gran reto medioambiental del planeta es conseguir un «desarrollo sostenible» para la humanidad. La clave está en ese concepto de desarrollo sostenible.

El «desarrollo sostenible» defiende la necesidad de que el desarrollo «satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias» (WCED 1987) y es el que ha propiciado el encuentro de dos corrientes de pensamiento en origen diferentes: la que defiende la integridad ecológica del planeta y aquélla que trabaja por el acceso al bienestar de la sociedades subdesarrolladas.

Esas dos corrientes históricamente han tenido trayectorias diferentes (transparencia 3) y podemos considerar la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAH/UNCED), celebrada en Río de Janeiro (Brasil) en 1992, como el punto de encuentro de ambas en el contexto internacional. La Cumbre de la Tierra de Río supone la intersección de los dos conceptos que dan nombre a la Conferencia: el desarrollo y el medio ambiente. Es aquí donde el concepto de «desarrollo sostenible» vincula de forma definitiva la cuestión ecológica con la cuestión norte-sur.

Podemos encontrar varios hitos en el camino de esta confluencia que culmina en la Cumbre de la Tierra de Río:

- 1966. La ONU crea el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD/UNDP) gracias a la presión de los países subdesarrollados —llamados entonces no-alineados o del tercer mundo, dentro de la lógica de la política de bloques— por construir un nuevo orden económico internacional.

- 1972. La Conferencia sobre Medio Ambiente Humano en Estocolmo (CNUMAH/UNCHE) crea el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP): exclusivamente medioambiental.

- 1980. El Informe Brandt desvela la compleja red de interdependencias entre los países del norte y del sur (se abandona la terminología «tercer mundo», propia de la división este-oeste) y propone abandonar conceptos como «asistencia» o «ayuda» en favor de la instauración de nuevas estructuras para el orden económico internacional.

- Informe Brundtland (1987) Nuestro futuro común (Our Common Future). El PNUMA (UNEP) crea en 1983 la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por la primera ministra noruega, para realizar este informe. En él se acuña definitivamente el término «desarrollo sostenible» (ya introducido anteriormente por la UICN/IUCN): «El desarrollo sostenible requiere la satisfacción de las necesidades básicas de todos y extiende a todos la oportunidad de satisfacer sus aspiracionnes a una vida mejor» (WCED 1987).

[- Después vendrá la FAO en 1989 intentando integrar las cuestiones medioambientales en el desarrollo: Conferencia sobre Agricultura y Medio Ambiente (Holanda, 1991).]

- 1992. Finalmente, y como resultado del Informe Brundtland, se celebra Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD/UNCED) de 1992 en Río de Janeiro (Brasil). Aquí se acepta universalmente el concepto de desarrollo sostenible.

¿Pero qué entendemos por desarrollo sostenible? El término cuenta con multitud de definiciones.

- Incluso el término «desarrollo» es un concepto poco preciso. Gracias a ello nadie pone en duda que se trate de algo deseable. Por otro lado tiende a confundirse con crecimiento económico aunque afortunadamente esa visión reduccionista se está superando. Durante las décadas de los 60 y 70 se teorizó mucho sobre el desarrollo y sobre el modelo que debían seguir los países subdesarrollados para lograr salir de su precariedad, modelo que casi siempre no tenía nada que ver con el irrepetible proceso histórico que habían sufrido en realidad los denominados países desarrollados. Hoy, frente a la globalización y la progresiva liberalización internacional del comercio, el debate continúa.

- También el concepto de «sostenibilidad» ha provocado un amplio debate. Incluso en un primer momento muchos paíse del sur criticaron que desde el norte se intentara adjetivar como «sostenible» el desarrollo que ellos perseguían: ¿era una nueva trampa para aplazarlo indefinidamente?

Lejos de las discusiones teóricas sobre qué quiere decir «desarrollo» (solo crecimiento económico o además cambios estructurales y qué tipo de cambios estructurales) las ONGDs (Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo) hemos definido claramente cuál debe ser el objetivo prioritario de la cooperación al desarrollo: la erradicación de la pobreza. Tanto el compromiso 20:20 de la Cumbre de Desarrollo Social (Copenhague, 1995), como el documento que fija los objetivos del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (OECD: Organisation for Economic Co-operation and Development) (OECD 1996), así lo manifiestan.

En cuanto a la sostenibilidad, también la práctica de las ONGs que nos dedicamos al medio ambiente lo ha clarificado: «mejorar la calidad de la vida humana dentro de la capacidad de carga de los ecosistemas que proporcionan soporte a la vida» (IUCN-UNEP-WWF 1991).

Esa confluencia entre medio ambiente y desarrollo, que el concepto de «desarrollo sostenible» consagra, ya la habíamos descubierto las ONGs en la práctica, en el trabajo sobre el terreno, aunque nuestra historia particular como organizaciones tuviera su origen ya fuera en el ámbito de la cooperación, ya fuera en el de la preocupación ecológica. Se trata de la constatación sobre el terreno de que no hay auténtico desarrollo si éste no es sostenible y de que no existe una verdadera defensa del medio ambiente si no se persigue el acceso al bienestar de las comunidades. El tratamiento de la cuestión ambiental y ecológica se ha ido ampliando paulatinamente hasta incluir la problemática norte-sur, mientras que la cooperación al desarrollo ha ido descubriendo la imposibilidad de promover el desarrollo del sur sin pensar un modelo comprometido con el futuro medioambiental del planeta. La aceptación universal del concepto de «desarrollo sostenible» sólo ha venido a demostrar lo acertado de nuestro trabajo.

Sin embargo, esa íntima unión entre desarrollo y medio ambiente todavía no se ha reflejado convenientemente en las instituciones, en los organismos internacionales, en la división interna de las administraciones, en las partidas presupuestarias e incluso en las políticas gubernamentales. Viven todavía en el divorcio. Como mucho se preocupan del impacto medioambiental de los proyectos de desarrollo (EIA: Enviromental Impact Assessment) o buscan un impacto económico positivo en los proyectos medioambientales.

 

Conclusión: La confluencia de desarrollo y medio ambiente se ha producido en dos planos:

- En el plano teórico con la aceptación universal de la necesidad de un «desarrollo sostenible».
- En el plano práctico con la coincidencia sobre el terreno de proyectos de ONGs «de desarrollo» y de ONGs «medioambientalistas» con los mismos objetivos.

La cooperación en el Mediterráneo sólo puede contemplarse desde la perspectiva que genera esta confluencia.

Ahora estamos asistiendo además a la confluencia de un tercer actor en la cooperación internacional además de las ONGs «de desarrollo» y ONGs «medioambientalistas», las ONGs «de defensa de los derechos humanos» (libertades, paz, democracia, minorías, mujer, infancia, etc.): no puede haber auténtico desarrollo sin autonomía individual. Ni el «desarrollo sostenible» de Río ni el «Indice de Desarrollo Humano» (IDH/HDI Human Development Index) del PNUD dan todavía cuenta de esa otra vertiente del desarrollo. Las ONGs, de nuevo, coincidimos sobre el terreno, falta ahora acuñar el concepto teórico que también lo englobe.

 

2. El papel de las ONGs en el contexto internacional

Después de intentar justificar por qué medio ambiente y desarrollo se encuentran indisolublemente unidos, veamos qué retos se plantean a la cooperación al desarrollo, en general, y a la cooperación en el Mediterráneo, en particular.

 

Contexto (transparencia 4): La cooperación al desarrollo se lleva cabo dentro de unas coordenadas que marcan nuestro fin de siglo:

- Universalización de las leyes del mercado. El fin del socialismo real ha supuesto, por un lado, el fin de la estructura bipolar de las relaciones internacionales y, por otro, ha permitido la globalización de la economía con la implantación a nivel planetario de la ley del mercado. Ese triunfo del mercado y sus leyes no ha sido automático ni espontáneo sino que ha venido impulsado por lo que se ha venido en llamar el pensamiento único o, si no se está a gusto con la controvertida etiqueta, por la defensa de las ideas neoliberales.

- Persistencia de la pobreza. A pesar de los que anuncian el inminente «fin de la historia» gracias a la universalización del mercado, de la democarcia y del bienestar, la fractura entre ricos y pobres aumenta. Las bolsas de pobreza en el sur del planeta y en el sur del norte, no sólo persisten, sino que crecen.

- Pérdida de protagonismo de los gobiernos. Los gobiernos, por un lado, y los organismos internacionales intergubernamentales que ellos mismos constituyen, por otro, son cada vez menos los protagonistas principales del desarrollo económico. Pierden su poder en favor del capital privado y de las empresas transnacionales. Todo ello debilita aún más el control democrático de la sociedad sobre los factores que influyen en su desarrollo.

- Consolidación de las ONGs como actores de la sociedad internacional. Su irrupción novedosa hace unos años en el contexto internacional ha dado paso a una presencia sólida e imprescindible. Hemos asistido aun verdadero boom, sobre todo en el norte, de las agrupaciones de ciudadanos preocupadas por mantener una participación activa en la sociedad y sus problemas: asociaciones de todo tipo, ONGs, voluntariado, etc.

La globalización de la economía no parece que vaya a traer por sí sola la erradicación de la pobreza ni la promoción de un desarrollo sostenible. Más bien al contrario. En ese contexto las ONGs debemos seguir trabajando, quizás ahora más que nunca.

Los retos a los que nos enfrentamos las ONGs son (transparencia 5):

- Desarrollar un auténtico partenariado de igual a igual entre norte y sur, superando el mero patrocinio y el dirigismo del que financia, para dar el poder a los que deben ser los protagonistas de su propio desarrollo.

- Aumentar la capacidad (capacity building) de las ONGs del norte y del sur. Profesionalización, intercambio de experiencias, conexión en red, etc.

- No limitarse al trabajo puntual sobre el terreno, sino influir sobre los mecanismos internacionales que provocan la pobreza. Influir en las políticas nacionales e internacionales de desarrollo.

- Promover una ética de la ciudadanía mundial: «La tendencia es a crear lo que un escritor del sur calificó de "coalición transnacional de personas que creen en la justicia social, en la equidad y en la democracia, para influir en el proceso de desarrollo". Con toda seguridad, estas coaliciones estarán formadas por grupos implicados en causas que van desde los derechos humanos hasta el desarrollo medioambiental, desde lo nacional hasta lo internacional. Están construyendo una nueva sociedad para el cambio» (Intermón 1997).

Todo esto es lo que sucede con las ONGs y con la cooperación en el mundo y ¿en cuánto al Mediterráneo?

- Estamos convencidos que la cooperación al desarrollo en el ámbito mediterráneo cuenta con unas características propias, específicas, diferentes, que hacen necesario que la idea genérica de lo que entendemos por cooperación al desarrollo sea matizada.

- Pretendemos crear un concepto teórico: la «cooperación mediterránea». Se trata de una etiqueta, de un lugar común, un tópico, una expresión que cuando sea utilizada todo el mundo sepa que nos estamos refiriendo a esa especial forma de entender la cooperación al desarrollo que exigen las peculiaridades del Mediterráneo.

 

3. Características específicas de la cooperación al desarollo en el Mediterráneo

Veamos qué características (transparencia 6) propias presenta la cooperación en el Mediterráneo. En una primera aproximación saltan a la vista tres aspectos evidentes:

A. La proximidad de los actores: norte y sur están en contacto, mantienen una vecindad geográfica y se distribuyen entre las dos orillas del Mediterráneo.

B. La Unión Europea es uno de esos actores: el mar está dominado por la presencia en el norte de un gran imperio, diferente a todos los anteriores pero igualmente rico y poderoso.

C. Un mar agitado. El Mediterráneo no es un mar en calma: los contrastes y diferencias que alberga provocan tensiones que llegan en ocasiones al conflicto armado.

 

 

A. Proximidad de los actores: el contexto geográfico

Uno de los elementos más específico de la cooperación al desarrollo en el Mediterráneo, y que no se da en la mayoría de los otros casos, es la proximidad geográfica de los actores que intervienen en el proceso (transparencia 7).

La idea de cooperación al desarrollo norte/sur está evolucionando desde la concepción tradicional de flujo unidireccional desde un país desarrollado a un país en vías de desarrollo de recursos financieros, técnicos y humanos que favorecen el autodesarrollo del receptor, hacia una concepción más amplia de «codesarrollo» donde la línea divisoria entre donante y beneficiario no está tan clara.

Pero en culaquier caso siempre intervienen como mínimo dos actores o polos: uno procedente de un país desarrollado y otro de un país en vías de desarrollo. Se trata de una cooperación norte/sur aunque los beneficios sean mutuos.

En el caso mediterráneo estos actores pertenecen a una misma unidad geográfica, están muy próximos en el espacio, comparten una relación de vecindad. Ejemplo: no es lo mismo que una ONG danesa auspicie un servicio de microcréditos en Guatemala o una ONG española construya pozos en la India que una ONG italiana promueva una cooperativa agrícola para jóvenes parados en Albania.

 

Conclusión: Ese factor geográfico provoca una serie de características propias de la cooperación mediterránea, una serie de consecuencias que pasamos a analizar.

 

1. El Mediterráneo como una unidad: la eco-región (ecología)

 

Se cuestiona hoy en día la existencia del Mediterráneo como una unidad o subsistema regional en el contexto de las relaciones internacionales. Desde un punto de vista político, económico o incluso histórico-cultural no se acepta que forme un todo. Las razones que se aducen son las enormes diferencias en su seno:

- económicas,

- entre civilizaciones y religiones, y

- las diferencias políticas entre democracia y sistemas autoritarios.

Es evidente que el Mediterráneo no se comporta como un actor homogéneo ni en la política ni en la economía mundial. No tiene vocación de unidad política ni actúa como un bloque económico.

Tampoco existe como unidad desde el punto de vista teórico en los manuales de geografía económica o geografía política, ni en la mayoría de las oficinas regionales de los organismos internacionales y agencias multilaterales (con algunas excepciones: el PAM/MAP del PNUMA/UNEP, el METAP del BM/WB y del BEI/EIB o el Partenariado Euromediterráneo de la UE). Paul Balta (Balta 1992) ya denunciaba en 1992 la profunda desestructuración del Mediterráneo como un todo. Tanto es así que se producen contradicciones como que la Unión Europa no considere a Croacia un país mediterráneo —está excluida del Partenariado Euromediterráneo— y que, por el contrario, todos los manuales consideren este país como parte integrante de los PECOs (CEE countries) o países del centro y del este de Europa.

Incluso, desde un punto de vista histórico-cultural, se nos acusa de románticos a aquéllos que defendemos una unidad cultural profunda entre los mediterráneos, una forma de entender la vida compartida de Algeciras a Estambul, una auténtica y común filosofía de la vida. Contra ella oponen la evidente diversidad religiosa, idiomática y cilvilizacional que nos separa, que se manifiesta de forma apabullante en fenómenos externos como la arquitectura religiosa o el vestir y en fenómenos más profundos como la consideración social de la mujer.

Sólo desde un enfoque geoestratégico se le contempla como una unidad: es el campo de operaciones de la VI flota de los Estados Unidos. Es decir, es el lugar clave para el abastecimiento y transporte de hidrocarburos para occidente.

Pero existe, además del geoestratégico, otro punto de vista desde el que es incuestionable la unidad del Mediterráneo: el punto de vista medioambiental. Nuestras cuencas hidrográficas desaguan en un mismo mar, disfrutamos de un mismo clima y nuestro paisaje es uno de los más «civilizados» del planeta a causa de una actividad antrópica (del hombre) milenaria. Los problemas y retos medioambientales son comunes a todos los países, y los de un lugar, como en todo ecosistema, afectan al conjunto. Esta es la únidad mediterránea que nadie cuestiona: la ecológica.

[Obviamos, sin embargo, el problema de los límites geográficos precisos del sistema mediterráneo, pero dejamos como ya es habitual el mar de Mármara y el mar Negro fuera.]

Todos los presentes conocemos cuáles son los grandes retos medioambientales del Mediterráneo y de ellos hamos hablado en las sesiones de ayer sobre nuestra Agenda 2000: gestión integrada del agua, gestión integrada de residuos, gestión integrada de las zonas costeras (IMCZ), lucha contra la desertificación, protección de la biodiversidad, turismo sostenible, etc. Y si estamos reunidos aquí reprersentantes de uno a otro extremo del Mediterráneo es porque sabemos quer se trata de problemas compartidos. Somos la prueba evidente de que el Mediterráneo forma una unidad.

De ahí la importancia de las ONGs vinculadas con el medioambiente para estructurar el Mediterráneo como unidad común. Sus problemas son comunes e interrelacionados y los esfuerzos para solucionarlos en un lugar, se convierten en experiencias aplicables en otros.

 

Conclusión: El Mediterráneo constituye una unidad incuestionable desde el punto de vista medioambiental: es una eco-región. ¿Qué consecuencias tiene esto para la cooperación al desarrollo entre los países de la cuenca? Cualquier actuación en el ámbito de cooperación al desarrollo en el Mediterráneo:

- tiene unos efectos sobre el conjunto y sobre los actores de ambos polos de mucho mayor impacto que en un trabajo a "larga distancia",

- hace patente la necesidad de un codesarrollo que supere la concepción unidireccional de la ayuda asistencial que todavía persiste entre actores no pertenecientes al mismo marco geográfico, y

- tiene mucho más presente la sostenibilidad, el impacto medioambiental, porque se comparte y conoce la misma realidad eco-regional.

 

 

2. El Mediterráneo como frontera norte-sur: la desigualdad (economía)

 

El desequilibrio económico y de desarrollo humano que existe en el planeta es, desgraciadamente, la razón de ser de la cooperación al desarrollo.

Por tanto no podemos considerar un rasgo específico y diferenciador de la cooperación mediterránea que se establezca entre polos separados por una injusta división de la riqueza.

El rasgo característico que se deriva de la proximidad geográfica es que esos polos están en íntimo contacto, mantienen una estrecha relación de vecindad. A lo largo de las costas de un mismo mar compartido se distribuyen un norte y un sur económicos que casi coinciden con el norte y sur geográficos.

No contamos, sin embargo, en el Mediterráneo con países de los llamados menos favorecidos o menos desarrollados o menos avanzados (PMA), según un báremo basado exclusivamente en el reparto del PNB (GNP) per cápita. Tampoco hay países de «Indice de Desarrollo Humano» bajo (IDH inferior a 0,500), aunque si medio (de 0,500 a 0,799) según la clasificación del PNUD (informe 1997).

 

Algunos datos sobre las diferencias económicas:

- La relación entre la renta media per cápita en los Estados miembros de la UE y el resto de los países mediterráneos no miembros es de 1 a 20.

- El «Arco latino» (España, Francia e Italia) acumula el 88% del PIB de todo el Mediterráneo con sólo el 42% de su población.

- La Europa mediterránea consume el 80% de toda la energía que se consume en el mar Mediterráneo (un 9% de la mundial).

Pero además existe un fuerte grado de interdependencia:

- dependencia comercial del sur: la UE representa el 40% del total de exportaciones de los países árabes de la zona (en el caso de Túnez alcanza el 79%), que por el contrario sólo representan un 4% del comercio exterior comunitario.

- dependencia energética del norte: los países mediteráneos no miembros de la UE proporcionan el 20% de toda la energia que ésta consume en su conjunto (mayor porcentaje para el «Arco latino»).

La otra situación similar de vecindad norter-sur que nos viene a la mente es la que se produce en la frontera entre Estados Unidos y México, donde el Río Grande separa el norte rico y opulento de la pobreza del sur.

La cooperación norte-sur cuando se produce, como en el caso del Mediterráneo o norteamericano, entre vecinos próximos e interdependientes pierde a menudo su carácter solidario y desinteresado. La motivación para esta cooperación son los intereses del norte de no ver amenazadas sus cotas de bienestar, más que el facilitar el acceso al bienestar de las poblaciones del sur. Así se rompe la inercia del norte a vivir en su dorado aislamiento y se moviliza para responder a lo que entiende como una amenaza.

El planteamiento no es, entonces, la ayuda desinteresada sino la búsqueda de ventajas económicas para el norte:

- Invertir en el sur para aprovechar la ventaja comparativa de una mano de obra más barata (sin tener que llegar al mal llamado dumping social, o ventaja desleal, causado por el nulo o escaso coste en protección social de los trabajadores).

- Liberalizar progresivamente el acceso mutuo a los mercados, aunque el beneficiado acostumbra a ser el norte.

- Crear empleo en el sur para evitar la emigración al norte.

 

3. Migración y crecimiento demográfico (demografía)

Se produce una fuerte tendencia migratoria del sur hacia el norte mediterráneos. Su motivo principal es la desigualdad económica y la proximidad geográfica. Pero hay además otros factores que la favorecen:

- Abrumadora diferencia entre las tasas de fertilidad y crecimiento demográfico de los países del sur y las del norte.

- Envejecimiento del norte (con una pirámide de ploblación invertida) frente a la juventud del sur.

- Imposibilidad de absorción de la demanda laboral del sur: paro y desruralización

- Injusticia del reparto de riqueza en el sur agravada por las políticas de ajuste estructural que favorecen la dualización social.

En los próximos años debido a esos 2 primeros factores se invertirá la superioridad demográfica del norte que necesitará de la población activa del sur. Por ello Sami Naïr habla no de flujo migratorio sino de «interdependencia, de procesos de interacción estructural [poblacional] entre las dos orillas del Mediterráneo» (Naïr 1998a).

Más de 6 millones de personas procedentes de páises mediterráneos no miembros de la UE viven actualmente en Estados de la Unión Europea. Su procedencia es en un 50% de Turquía, en un 22% de Marruecos y en un 12% de Argelia. Sus destinos son preferentemente Alemania (43%) y Francia (32%). Sólo el 38% escoge otro país mediterráneo como destino (incluida Francia). [Podríamos añadir 2 millones de magrebíes naturalizados en Francia.]

 

¿Cómo afecta esto a la cooperación?

En el Mediterráneo el motor a la cooperación o la preocupación por lo que sucede en el sur se pone en marcha al contemplar la inmigración procedente de allí como una amenaza. Una de las tareas fundamentales de las ONGs que estamos comprometidas con el desarrollo sostenible es invertir esa percepción.

La emigración hacia el norte es uno de los factores más importantes de la cooperación al desarrollo si la entendemos en sentido amplio. Si superamos la tradicional concepción de la cooperación como un flujo de «asistencia» del norte hacia el sur, podemos comprobar que la emigración proporciona uno de los mayores empujes al desarrollo además de generar riqueza en el país receptor: «...las transferencias financieras y de mercancías de la inmigración superan con creces en volumen la ayuda bilateral y multilateral a estos países [del sur]. De hecho, con esas transferencias, la inmigración contribuye al desarrollo del país de origen como contribuye al del país de acogida con su trabajo. Es la quintaesencia del codesarrollo» (Naïr 1998). La inmigración debe ser entendida pues como herramienta de desarrollo y no como amenaza.

La cooperación puede utilizar además ese flujo como palanca para el desarrollo en sus países de origen. Hoy el gran reto de muchas ONGs del norte es integrar a los inmigrantes en los proyectos que llevan a cabo en sus países de origen.

Sin embargo la UE ha criminalizado la inmigración. Anualmente 20.000 personas arriban clandestinamente a las costas españolas desde el sur: aproximadamente la mitad son detenidos. La Europa de Schengen es también la «fortaleza europea»: la Europa de los sans papiers.

 

Conclusión: la cooperación en un contexto de flujo migratorio creciente como en el caso mediterráneo no puede estar motivada por un interés proteccionista del norte, sino por una visión amplia de la interdependencia estructural de la demografía de las dos orillas que piense la cooperación al desarrollo como auténtico codesarrollo, justo, sostenible y mutuamente beneficioso.

 

B. Uno de los actores (el del norte) es la Unión Europea: el contexto político

Es el segundo gran rasgo característico del Mediterráneo (transparencia 8): la presencia del gigante comunitario.

Las características de la Unión Europea:

- Forma un bloque económico ya consolidado: unión monetaria.

- Tiene pendiente la decisión de si va a constituirse en una auténtica unidad política.

- Es una de las zonas más ricas del planeta.

- Se trata de una experiencia histórica única: una arquitectura supranacional surgida de la voluntad de los Estados miembros.

- Es un proyecto que, aún contando con países mediterráneos y al margen de la ampliación hacia el este, está liderado y conducido por los Estados del centro y norte de Europa.

Los motivos de la voluntad comunitaria de cooperar con el sur, con su sur en este caso (un sur cercano y, por tanto, amenazador), son motivos interesados, para nada altruistas:

 

a) preventivos: sentir amenazada la seguridad de la «fortaleza europea». Ese sur puede amenazar el bienestar conseguido en el norte a causa de:

- las migraciones,

- la dependencia energética,

- la falta de paz y estabilidad social en el sur y

- la degradación ambiental, a causa del crecimiento económico del sur, del entorno que comparten.

b) prospectivos: construir una amplia región capaz de competir en un mundo con tendencia a la tripolaridad económica.

En ese contexto, sin embargo, se han producido las dos grandes realizaciones de la apertura de la UE al resto del Mediterráneo:

1. el Partenariado Euromediterráneo y

2. la creación de una futura Zona de Libre Comercio en el Mediteráneo (MFTZ: Mediterranean Free Trade Zone).

Pero no olvidemos que una cosa es el Mediterráneo —aunque no sepamos exactamente donde acaba— y otra la asociación o colaboración entre la UE —formada hoy por 15 países de los cuales sólo 4 son mediterráneos— con el resto de los países mediterráneos —pero no todos—. [Algunos de los excluidos como Eslovenia y Croacia, pueden llegar a ser miembros de la UE, pero ¿que sucederá con Libia o Albania?]. Dificílmente una asociación de ese tipo puede tener el Mediterráneo como prioridad u objetivo.

 

4. El Partenariado Euromediterráneo

La Conferencia Euromediterránea de Barcelona de noviembre de 1995 marca un hito en la política de la UE hacia el Mediterráneo. Supone el punto de llegada de una política exterior para el Mediteráneo que cuenta con otros antecedentes:

 

- Se inicia con la «Política Global Mediterránea» impulsada por la Francia de Pompidou en 1972 ante la ampliación de la CEE con el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. Pero a diferencia de los acuerdos de Lomé con las antiguas colonias de los páises ACP (África-Caribe-Pacífico) no se buscan unos acuerdos grupo a grupo —multilateralismo regional—, sino acuerdos bilaterales de la UE con cada país por separado —bimultilateralismo—.

- En los 90, por un lado, la erosión del sistema bipolar tras la caída del muro de Berlín (1989), posibilita la voluntad alemana de apertura al este y Francia busca el reequilibrio comunitario orientándose hacia el Mediterráneo. Por otro lado, la situación del sur del Mediterráneo se está deteriorando con la guerra del Golfo (1990-91) y los conflictos en Argelia. Eso provoca que el interés de los países latinos —a los que ya se ha incorporado España— y el de la Comisión Europea —presidida por Jacques Delors—, coincidan en la necesidad de poner al dia la política comunitaria para el Mediterráneo. El resultado es la «Política Mediterránea Renovada» de 1992 que pretende convertir la cooperación en un auténtico partenariado e ir más allá de cuestiones económicas preocupándose por problemas de seguridad global.

Por tanto, podríamos decir que la política comunitaria hacia el Mediterráneo:

- Es tardía: hemos tenido que esperar 15 años desde la creación de la CEE en 1957 para asistir a sus primeras formulaciones en 1972.

- Estuvo más motivada por factores de equilibrio interno de la CEE, ajenos por completo al Mediterráneo, que por un verdadero interés de la Unión Europea por la región.

La Conferencia Euromediterránea, celebrada en Barcelona durante la presidencia española de la UE, supone un cambio sobre esas iniciativas anteriores. Reúne por primera vez a los 15 ministros de Asuntos Exteriores de la UE y de 12 países del Mediterráneo no comunitarios (Marruecos, Argelia, Túnez , Egipto, Israel, Palestina, Jordania, Siria, Líbano, Chipre, Malta, Turquía) por primera vez en la historia. El encuentro tiene además un carácter simbólico al sentar en la misma mesa a representantes de Siria, Líbano e Israel, cosa que no sucedía desde la Conferencia de Madrid de 1991. No son invitados: Libia, Albania ni las repúblicas ex-yugoslavas. La UE se preocupa por la seguridad europea en un sentido global y se interesa por la estabilidad política y económica en la zona. Para ello pone en marcha el Partenariado Euromediterráneo, como proceso paralelo y simétrico a su política hacia el este de Europa, y apuesta por el desarrollo de un gran bloque comercial.

La Declaración de Barcelona recoge los acuerdos de la Conferencia Euromediterránea de 1995 en tres ámbitos o «cestos»:

- Colaboración política y de seguridad: definición de un espacio común de paz y estabilidad.

- Colaboración económica y financiera: creación de una zona de prosperidad compartida.

- Colaboración en los ámbitos social, cultural y humano: desarrollo de los recursos humanos, fomento de la comprensión entre las culturas y de intercambios entre las sociedades civiles.

Como novedad, la Conferencia Euromediterránea cuenta con la participación de la sociedad civil en el proceso: el Forum Civil Euromed (coordinado por el Institut Català de la Mediterrània), reúne inmediatamente después de la Conferencia a más de 1.000 representantes de los agentes sociales, económicos y culturales, con la intención de llenar de contenido los acuerdos políticos de la conferencia.

El instrumento finaciero que crea la Unión Europea es el MEDA que todos conocemos.

Pero el Partenariado Euromediterráneo no ha consegudo grandes éxitos debido a:

- La contaminación del proceso por el conflicto árabo-israelí.

- El desplazamiento del interés comunitario hacia los PECOs y las antiguas repúblicas soviéticas (CEE & NIS countries: Central and Eastern Europe and Newly Independents States).

- Los intereses contrapuestos de Estados Unidos y la Unión Europea en cuanto a la globalización, en general, y en cuanto al Mediterráneo, en particular.

Prueba de ello es que la Segunda Conferencia Euromediterránea en Malta (mayo 1997) no aprobó la Carta de Seguridad y Estabilidad en el Mediterráneo.

 

Conclusión: Hoy nos podríamos preguntar si existe una voluntad política clara por parte de la Unión Europea y sus Estados miembros de trabajar en favor del Mediterráneo, o si el Partenariado fue un éxito pasajero de la presidencia española de la UE.

 

5. Zona de Libre Comercio en el Mediterráneo (Mediterranean Free Trade Zone: MFTZ)

La Conferencia Euromediterránea de Barcelona y su Declaración (1995) prevén la creación de una Zona de Libre Comercio en el Mediterráneo para el 2010 entre la UE y los 12 miembros delm partenariado como resultado final de los acuerdos bilaterales que se pondrán en marcha. Este multibilateralismo marca la diferencia con otros acuerdos económicos de la UE como los Convenios de Lomé con los países ACP (África, Caribe y Pacífico), basados en un multilateralismo regional.

Ya existían entonces relaciones especiales con Turquía —que en aquellos momentos acepta la tarifa exterior común de la UE— y con Chipre y Malta —que negociaban su adhesión—. Se firmaron nuevos acuerdos, algunos negociados con anterioridad a la Conferencia —Túnez (julio de 1997) e Israel (noviembre de 1997)— y otros posteriores a ella —Marruecos (febrero de 1996), la Autoridad Nacional Palestina (febrero de 1997) y Jordania—. A continuación vendrán acuerdos con Egipto, Líbano, Argelia y Siria.

Se trata de crear una «zona de prosperidad compartida» gracias a la supresión progresiva de las barreras arancelarias y no arancelarias a las importaciones y al incremento de las exportaciones de ciertos productos y servicios con cierta ventaja comparativa. Pero hay que superar muchos retos:

- la diferencias económicas entre la UE y el resto de socios,

- proteccionismo agrícola de la UE,

- la deuda externa y

- la relación bilateral «privilegiada» entre algún Estado miembro de la UE y otros no miembros.

Apostar por la creación de una MFTZ supone la clara voluntad política de los países del sur y del este mediterráneos de apertura a la mundialización de la economía y, por tanto, de someterse al reto de la competitividad con todo lo que conlleva.

Como comentábamos más arriba, la otra experiencia conocida de creación de una zona de libre comercio entre países del norte y del sur es el Tratado de Libre Comercio (TLC = FTA: Free Trade Agreement) entre Canadá, Estados Unidos y México que crea la NAFTA (North American Free Trade Area).

La creación de la MFTZ «puede tener un serio impacto en el desarrollo físico y económico de la región, sus ecositemas y sus recursos naturales» (Bromberg 1998) (transparencia 9). Si se culmina con éxito la creación de esa zona de libre comercio se espera un crecimiento económico del sur y este mediterráneos. Ese crecimiento puede ser pernicioso para el «desarrollo sostenible» de la cuenca:

- El desarrollo industrial tendrá un impacto negativo sobre los ecositemas con un incremento de los sectores contaminantes: ¿podrán absorberlo?

- Aumetará la cantidad de residuos: ¿contará el sur con suficiente capacidad para gestionarlos?

(Resumiendo los dos anteriores: ¿contará el sur con la suficiente aportación de fondos y transferencia tecnológica para alcanzar los estándares medioambientales que se le impongan para armonizar las legislaciones de la zona de libre comercio?)

- Peligro de dumping ecológico (pollution havens): tentación de rebajar la legislación sobre estándares medioambientales para favorecer la deslocalización de industrias del norte hacia el sur y atraer la inversión extranjera y/o orientar la exportación hacia países menos exigentes que la UE.

- Mayor litoralización aún de la actividad económica.

Pero el crecimiento económico previsto también aportará una serie de ventajas:

- La mejora del nivel de vida (que conlleva además un aumento del grado de conciencia medioambiental).

- El aumento de las inversiones extranjeras.

- La transferencia de tecnologías medioambientales.

- El endurecimiento de los estándares legales medioambientales (debido a la armonización de las legislaciones con el norte).

Soluciones:

1. Los temas ambientales deben incorporarse de forma explícita y desde el comienzo en el diseño y puesta en práctica de cualquier negociación orientada a la creación de una zona de libre comercio. Más aún, la temática ambiental debe ser parte integrante de los textos vinculantes de los acuerdos de libre comercio y no constituir, como ha sucedido en el pasado con otras experiencias de áreas de libre comercio (NAFTA), una dimensión accesoria o secundaria que a menudo termina siendo una vía muerta del proceso.

2. La armonización de las legislaciones medioambientales, apesar de la dificultad que entraña al involucrar a tantos Estados, debe llevarse a cabo y no convertirse en un proteccionsimo disfrazado.

3. Las políticas y estrategias de desarrollo deben optar claramente por la sostenibilidad y olvidar los modelos desarrollistas tradicionales.

4. El papel de las ONGs puede ser fundamental para realizar un seguimiento del proceso y participar en él. Para ello es necesario, sin embargo, que en muchos Estados la legislación y voluntad política de los gobiernos promueva ese papel de las ONGs:

1. Facilitar y garantizar el acceso a la información por parte de las ONGs y organizaciones de ciudadanos.

2. Fomentar la realización de un seguimiento externo de las políticas de desarrollo y medio ambiente y de los proyectos por parte de las ONGs.

3. Promover la participación de las ONGs en la elaboración de las políticas y los proyectos.

4. Impulsar la ejecución conjunta de proyectos: financiando proyectos de las ONGs o encargándoles su ejecución.

La creación de una Zona de Libre Comercio en el Mediterráneo es un hito en el camino hacia un auténtico codesarrollo. Supondrá una experiencia única en el mundo de cooperación norte-sur, ya que la disparidad económica entre el norte y el sur mediterráneos es mucho mayor que entre México y sus vecinos del norte. Su éxito o su fracaso tendrá consecuencias más allá de la región mediterránea.

 

 C. Un mar agitado

Hasta ahora hemos insistido en aquello que da unidad y coherencia al Mediterráneo, o en las actuaciones que tienen por objeto dotarlo de más entidad. Pero lo que también salta a la vista es que se trata de un mar de contrastes, enfrentamientos y conflictos. No es un mar en calma.

El tópico vuelve a funcionar una vez más: el Mediterráneo es una mar cuna de civilizaciones y crisol de culturas. Eso quiere decir que ha sido durante siglos escenario de conflictos y enfrentamientos, pero también marco ideal para el comercio y el intercambio.

 

6. La diversidad cultural

El Mediterráneo además de ser una de las líneas de contacto entre el norte y sur económicos del planeta es támbién el punto de encuentro entre el Este y el Oeste. En el contexto de la postguerra fría ya no se trata, es cierto, de la división entre los bloques capitalista y soviético —que no pasaba por aquí, sino por el «telón de acero»—, sino entre la cultura occidental y el resto. Es el lugar de encuentro entre lo que el profesor Samuel Huntington ha resumido tan desafortunadamente con la expresión «The West and the Rest» (Huntington, 1993). En el Mediterráneo, por un lado, existen países que cumplen los estereotipos de la civilización occidental, hija de dos revoluciones, la francesa y la industrial. Pero, por otro lado, existen también países cuya civilización tiene otros orígenes.

En los últimos años polítologos como el profesor de Harvard Samuel Huntington han querido subrayar esa fractura civilizacional del planeta. Huntington divide el mundo en 8 civilizaciones, traza sus fronteras y afirma que las futuras guerras mundiales, si llegan a producirse, lo harán en lugares como nuestro mar, donde civilizacions limítrofes entran en conflicto. Al margen de la arbitrariedad de sus divisiones y lo simplificador de sus planteamientos, las teorías de Huntington y otros no disimulan ser una justificación ad hoc de la política exterior de los Estados Unidos. La primera potencia del planeta sigue tanteando cuál deber ser el discurso que justifique su actuación exterior, pero mientras tanto le basta con «satanizar» desde los medios de comunicación de masas y desde las cátedrasa sus enemigos.

No compartimos las tesis de Huntington. No vamos a negar la existencia de diferentes civilizaciones en las costas del Mediterráneo y su enfrentamiento en diferentes conflictos armados en la cuenca. Pero, si en algún lugar del planeta se puede establecer el diálogo intercultural, es en el Mediterráneo. Somo hijos de guereros e invasores, pero también de comerciantes y filósofos. Milenios de convivencia alrededor del mismo mar han provocado enfrentamientos y guerras pero también intercambios mercantiles y culturales. Es cierto que en el Mediterráneo conviven diferentes culturas y que sus relaciones no son armoniosas, como en muchas ocasiones a lo largo de nuestra historia común. Pero también es el Mediterráneo el que ha dado mayores ejemplos de respetuosa y pacífica convivencia. Las ONGs que estamos hoy aquí reunidas somos la prueba: más allá —o más acá— de los conflictos que pueden enfrentar a nuestros Estados o gobiernos demostramos la voluntad y capacidad de la sociedad civil mediterránea no sólo de entendimiento sino de un trabajo conjunto.

Yo me siento mediterráneo y sé que soy occidental, pero me siento mucho más capaz que el resto de occidentales —sobre todo, de los de más al norte y de aquéllos que piensan como el profesor Huntington— para aceptar y respetar que otros grupos humanos busquen articularse política y socialmente fuera de las coordenadas impuestas por occidente, sin que eso suponga que estén equivocados o atrasados y sin que se conviertan en una amenaza a mi «occidentalidad». Aún a riesgo de ser acusado de romántico creo firmememnte en la existencia de un poso, de una herencia cultural compartida, que convierte el Mediterráneo no sólo en un clima, un paisaje o una gastronomía, sino en una forma de entender la vida.

Esa «mediterraneidad» es, desde mi punto de vista, el arma para hacer frente al reto de construir una convivencia pacífica entre todos los pueblos de nuestro mar. El mundo necesita que ganemos esa partida.

[Si tengo que elegir entre ser un occidental etnocéntrico y beligerante y ser un mediterráneo intercultural y pacífico, me quedo con lo segundo y «reniego» de mi occidentalidad.]

Lo que sí existe desafortunadamente en el Mediterráneo es una fractura democrática: la existencia de regímenes no democráticos es una realidad que nadie discute; regímenes autoritarios, con un precario respeto a los derechos humanos, carentes de derechos políticos, irrespetuosos con sus ciudadanos y sus organizaciones de base, etc.

 

Conclusión: las diferencias culturales en el Mediterráneo son una realidad, pero para llevar a cabo una auténtica cooperación al codesarrollo no debemos dejarnos embaucar por la instrumentalización política que se hace de estas diferencias.

 

 7. Conflictos armados

 

La cooperación al desarrollo se suele llevar a cabo en lugares conflictivos. La amenaza de un futuro conflicto armado o la resaca de uno pasado, acostumbran ser el marco habitual de muchos proyectos. También lo es que la cooperación norte-sur quede ensombrecida por la memoria de la colonización y la persistencia de reticencias de antiguas colonias a la cooperación de antiguos colonizadores.

¿Qué tiene, pues, de particular que la cooperación en el Mediterráneo se enmarque en muchas ocasiones sobre un paisaje de conflicto manifiesto o latente? Única y exclusivamente la naturaleza y origen de esos conflictos (transparencia 11).

 

Según el experto Paul Balta (Balta 1997) podemos clasificar los conflictos del Mediterráneo en dos grandes grupos: los conflictos herencia de un largo pasado y los conflictos propios de la situación de la segunda mitad del siglo XX.

 

Los conflictos herencia del pasado tienen su origen en que el Mediterráneo es la cuna de las tres religiones monoteístas reveladas:

1. El conflicto árabo-israelí.

2. Los enfrentamientos en la ex Yugoslavia: serbios ortodoxos, croatas católicos y musulmanes bosnios.

3. Conflictos étnnico-religiosos:

- Enfrentamiento entre griegos y turcos en Chipre.

- La cuestión armenia.

Otros conflictos tienen un origen más reciente, en la segunta mitad de este siglo:

4. Conflictos territoriales fronterizos fruto de la descolonización:

- Magreb: Argelia-Túnez, Argelia-Marruecos, etc.

- Sáhara Occidental.

- Egipto-Sudán.

- Siria sobre Alejandreta y Líbano.

- Palestina

5. Conflicto entre comunidades apoyadas por diferentes potencias regionales: Líbano es el caso emblemático.

6. Conflictos con las minorías:

- Pais Vasco.

- Córcega.

- Kosovo.

- Kurdos.

- Bereberes.

- Silencioso éxodo de los cristianos de Oriente: Jerusalén, Egipto, etc.

7. Instrumentalización del Islam con fines políticos: provoca conflictos con grupos armados en:

- Argelia.

- Egipto.

- Libia.

- Palestina.

- Siria (se ha llegado a un acuerdo).

Y dentro de la tipología establecida por Paul Balta, nos atrevemos a establecer dentro de este grupo de conflictos de origen reciente, un tercer grupo de conflictos, o mejor, de causas de conflictos:

8. Enfrentamiento internos entre regímenes autoritarios y los defensores de los derechos humanos.

9. Desequilibrio económico entre el norte y el sur.

10. Flujo migratorio hacia el norte (percibido por el norte como una amenaza: xenofobia asociada).

11. Control sobre el agua (ya se ha producido en los Altos del Golán).

12. Dependencia energética del norte : hidrocarburos y gasoductos.

13. Rivalidad estratégica Europa-EE.UU. en el Mediterráneo (mando sur de la NATO).

Unos conflictos son exclusivamente mediterráneos: 1. Conflicto árabo-israelí, 2. Ex Yugoslavia, 7. Instrumentalización política del Islam (aunque también ocurre en otras regiones) y 13. Rivalidad estratégica Europa-EE.UU.

Otros, siendo propios de las condiciones del Mediterráneo se pueden dar en otros lugares que reúnan las mismas características en cuanto a los recursos naturales: 11. Control sobre el agua y 12. Dependencia energética del norte : hidrocarburos y gasoductos.

Otros son compartidos con otras áreas de contacto entre norte y sur (como México-EE.UU.): 9. Conflicto norte-sur y 10. Flujo migratorio.

 

 4. El programa de las ONGs para la «Cooperación Mediterránea»

Hemos hablado de los condicionantes ecológicos, económicos, políticos, demográficos, civilizacionales, bélicos, etc. del ámbito mediterráneo. Y los hemos agrupado alrededor de las que nos parecían las tres características a tener en cuenta para llevar a cabo tareas de cooperación en el en el Mediterráneo:

A. La proximidad de los actores: en el Mediterráneo el norte y el sur están en contacto.

B. La Unión Europea es uno de esos actores.

C. El Mediterráneo es un mar agitado.

Ese contexto dibuja los principales problemas del Mediterráneo (transparencia 12) ¿Cuáles son esos problemas? A pesar de que se trate de una simplificación excesiva, los podríamos agrupar en tres bloques:

1. Desigualdad económica: desiguales niveles de desarrollo en las dos orillas y los problemas asociados (flujos migratorios, dependencia comercial del sur, dependencia energética del norte, etc.)

2. Problemas ecológicos.La sostenibilidad de la cuenca está amenazada.

3. Conflictos armados.

En ese marco, con esos condicionantes y con ese problemas, hemos de llevar a cabo nuestra tarea las ONGs mediterráneas: con esos mimbres hemos de construir nuestro cesto. ¿Es posible un trabajo de cooperación en ese contexto? ¿Es posible llevar a cabo una «Cooperación Mediterránea»? Creemos que la cooperación en el Mediterráneo, precisamente, es trabajar conjuntamente para resolver los problemas comunes del Mediterráneo. Eso significa trabajar por un auténtico «desarrollo sostenible» del Mediterráneo, es decir, mejorar la calidad de vida de sus habitantes en un marco de sostenibilidad y de paz.

¿Qué podemos hacer las ONGs del Mediterráneo? Y ¿qué tendrá de específico frente a la cooperación en otros lugares? Todas estas características que hemos venido analizando confluyen en el Mediterráneo y hacen que la cooperación aquí no pueda ser exactamente igual a la cooperación al desarrollo sostenible que se lleva a cabo en otros lugares del planeta. Normalmente la cooperación no se da entre vecinos —excepto en el caso análogo de la NAFTA—, tampoco uno de ellos suele ser un gigante como la Union Europea, ni se trata de una zona salpicada por conflictos que a menudo tienen raíces seculares.

¿Qué podemos hacer las ONGs del Mediterráneo? (transparencia 13)

1. Impulsar el codesarrollo. Los problemas del Mediterráneo son comunes a todos los países ribereños, porque todos sufren, de una manera u otra, sus consecuencias. La «Cooperación Mediterránea» pretende un trabajo conjunto para solucionar esos problemas comunes del Mediterráneo. Y aquí «comunes» es la palabra clave, porque se trata de problemas compartidos. Eso provoca que la «Cooperación Mediteránea» vaya mucho más allá de una «ayuda» o «asistencia» desde los países desarrollados a los países en vías de desarrollo. Se trata de un auténtico codesarrollo, donde el beneficio y las aportaciones proceden de ambos polos. En ese sentido el Mediterráneo es un lugar privilegiado para mostrárnoslo. Es cierto que en muchas ocasiones las motivaciones del norte desarrollado para iniciar esa cooperación son exclusivamente egoistas —se impulsa el desarrollo económico del sur para garantizar la seguridad del norte— pero ya es un comienzo. Las ONGs mediterráneas hemos de demostrar que el codesarrollo, el auténtico partenariado, es posible.

2. Defender un desarrollo sostenible. Promover la desaparición del divorcio entre medio ambiente y desarrollo que se produce todavía en las administraciones y en otras instituciones. No hay auténtico desarrollo si éste no es sostenible y no hay defensa del medio ambiente posible si no se persigue el acceso al bienestar de las comunidades.Ese deber ser el objetivo que guíe la construcción de una Zona de Libre Comercio en el Mediterráneo. El Mediterráneo forma un todo desde el punto de vista ecológico, donde los problemas son comunes y compartidos. Eso significa que el medio ambiente y su protección pueden ser uno de los principales motores de «mediterraneidad».

3. Impulsar el diálogo civilizacional. Las ONGs y sus redes ponen en contacto a las sociedades civiles de Estados y tradiciones diferentes. El diálogo entre culturas y el respeto a la diferencia son las constantes del trabajo diario de las ONGs que nos dedicamos a la cooperación internacional. Somos un buen ejemplo de cómo construir un Mediterráneo plural e integrador.

4. Construir la paz. Esa misma tarea de poner en contacto a las sociedads civiles se realiza a veces en condiciones muy adversas, por encima, o por debajo, de los conflictos que enfrentan a los Estados. Entre las ONGs presentes hoy aquí hay buenos ejemplos de esa tarea. Se trata de nuestra aportación a la construcción de una paz duradera. La gran ventaja es la independencia de la sociedad civil respecto a las manipulaciones estratégicas en las que a menudo se hallan atrapados los gobiernos. Las ONGs estamos dialogando allí donde los gobiernos no se hablan. Somos un motivo de esperanza para la paz.

5. Fortalecer la sociedad civil y, especialmente, a las ONGs del sur y este mediterráneos.Si una sociedad civil rica, con ONGs fuertes y con vocación regional, puede proporcionar tantas ventajas, un objetivo claro de las ONGs mediterráneas debe ser fortalecer esa sociedad civil. Por desgracia el grado de desarrollo de organizaciones de ciudadanos es también muy desigual. El tejido asociativo en los países mediterráneos en vías de desarrollo es a menudo débil y su sociedad civil se halla desetructurada. Esta situación no es ajena a la situación política y de libertades de cada Estado. Cualquier proyecto de cooperación en el Mediterráneo, además del objetivo concreto de su actuación, debe tener como objetivo paralelo reforzar la capacidad (capacity building) de las ONGs que participen en él. Es prioritario que la cooperación en el Mediterráneo se utilice para capacitar y reforzar las capacidades de las ONGs de los países que más lo necesitan.

6. Democratización. El desarrollo sostenible es imposible sin la participación ciudadana, sin una sociedad civil rica. El gran obstáculo para conseguirla es el marco legal y de medidas políticas de cada Estado. Por eso las ONGs nacionales y también las redes regionales de ONGs deben presionar a los gobiernos para conseguir marcos jurídicos que promuevan la participación ciudadana y el asociacionismo cívico. Los regímenes autoritarios son el peor marco para promover un desarrollo sostenible.

7. Construir el concepto de «Cooperació Mediterránea». [Volveremos a hablar de ello cuando presentemos el programa de MED Forum pero déjenme que les avance algo]. Las ONGs del Mediterráneo tenemos la obligación de explicar las características diferenciadoras de la cooperación al desarrollo sostenible en nuestra región. Debemos, en primer lugar, reconstruir el concepto de «mediterraneidad». Hay más cosas que nos unen que las que nos separan. Pero nadie parece entenderlo. Nosotros somos el Mediterráneo. Demostremos que el Mediterráneo existe y que tiene algo que decir sobre cómo afrontar los retos de desarrollo humano sobre el planeta y sobre la convivencia pacífica entre pueblos y culturas. Nuestra situación geográfica es privilegiada: punto de contacto entre culturas y diferentes niveles de desarrollo. La «Cooperación Mediterránea» transciende por ello su cometido. Si tenemos éxito lo que habremos conseguido será un espacio de solidaridad único en el planeta, que puede convertirse en un modelo universal de cómo afrontar el reto del desarrollo de los países menos desarrollados y el desafío del diálogo entre culturas basado en la solidaridad. Las ONGs del Mediterráneo tenemos que explicar a nuestros posibles donantes que cuando pedimos dinero para salvar las focas monje o para crear empleo para los jóvenes parados de los oasis, no estamos únicamente consiguiendo esos objetivos, sino que estamos construyendo un espacio geográfico de solidaridad único en el planeta. La humanidad necesita que el Mediterráneo, una vez más, vuelva a hacer Historia con mayúsculas.

 

Bibliografía citada

Balta, Paul (1992) y otros; La Mediterranée réinventée, realités et espoirs de la coopération, La Découverte, París.

Balta, Paul (1997); «La Mediterranée en tant que zone de conflits», en Afers Internacional nº 37, septiembre, monógrafico sobre Estabilidad y conflictos en el Mediterráneo, CIDOB, Barcelona.

Bromberg, Gidon (1998); «Enviromental Impacts in Other Free Trade Zones. The Case of NAFTA» en Sustainable Mediterranean nº8, enero, EEB, Bruselas.

Huntington, Samuel P. (1993); «The Clash of civilizations» en Foreign Affairs, verano 1993.

IUCN-UNEP-WWF (1991); Caring for the Earth, Gland.

Intermón (1997); La realidad de la ayuda 1997, Intermón, Barcelona. La cita es de Mamadou Lamine Thiam, The role of African NGOs in Africa's sustainable development.

Naïr, Sami (1998a) «Hacia una nueva gestión de los flujos migratorios» en El País del 12 de agosto, Madrid.

Naïr, Sami (1998b) Las heridas abiertas, El País-Aguilar, Madrid.

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD), 1996, Shaping the 21th Century: The Contribution of Development Cooperation, París.

World Commission on Environment and Development (WCED), 1987, Our Common Future, Oxford University Press, Cambridge.